Las brujas de Salem

Hace unos días le escribí a mi amiga Martha, que siempre me consigue libros digitales, para que me mandara uno por mail. Quería leer La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne.

Al rato, entró en la casilla un mail con el libro y una foto de Marilyn Monroe abrazando a Arthur Miller. Un retrato blanco y negro que, aunque posado, reflejaba

felicidad verdadera en sus caras.

Me pregunté que tenía que ver la actriz y el escritor con Nathaniel Hawthorne. Y entonces entendí. Le había pedido el libro equivocado.

O tal vez no.

No hay libros equivocados.

Me había mandado Las brujas de Salem, la obra de Arthur Miller y por eso el encabezado con la foto de Marilyn.

El libro Las brujas de Salem cuenta un episodio ocurrido en Salem, Massachusetts, en 1692, pero no fue sólo una obra de Miller. Existió y se inició en Europa a partir de 1420 como consecuencia de dos hechos que dinamitaron la autoridad de la Iglesia Católica como representante exclusiva de Dios en la tierra.

A la Peste Negra, una pandemia que azotó al viejo continente y a Asia entre 1320 y 1360 aproximadamente, y que mató a un tercio de su población, le siguió el Cisma de Occidente (1378-1417) que fue una disputa, dentro de la iglesia, por la autoridad papal.

Esto provocó una crisis de fe que fue llevando a la humanidad a girar desde una visión teocéntrica del mundo (Dios como centro) a una visión antropocéntrica (el centro es el hombre).

Ante esta nueva visión, la Iglesia Católica debió agrupar a sus fieles ya que su imagen como autoridad irrefutable ya no era tal. Los más osados hasta comenzaban a, lentamente, cuestionar la existencia misma de un dios todopoderoso. La forma de mantener el rebaño unido fue el miedo y la persecución de infieles.

Con la llegada de los Reyes Católicos a España, que reconquistaron las tierras que estaban en manos de los Moros, y el descubrimiento de América, la ola persecutoria alcanzó su punto máximo con la creación de una de las instituciones más siniestras de la historia universal: la Inquisición.

Así fueron perseguidos judíos, gitanos, herejes, musulmanes. Con la Reforma, también se persiguió a los protestantes que eran, para la Iglesia, herejes. Y a las brujas.

Brujas y brujos (aunque sólo un 20% de los condenados por brujería fueron hombres) eran los que se consideraban seguidores de Satanás.

La cacería fue impiadosa.

El principal elemento era la delación. Qué alguien acusara a una persona de brujería era suficiente para ser perseguido, encarcelado y enjuiciado. La horca y la hoguera eran la muerte de moda para los acusados por brujería. Y los que no morían eran sometidos a los más horrorosos mecanismos de tortura.

Pero ¿Qué pasó en Salem finalmente?

Aunque los peregrinos que fundaron los Estados Unidos no eran católicos, compartían con aquella religión responsabilizar al diablo de los intentos de libertad (especialmente de pensamiento) de las personas.

Los peregrinos que llegaron a lo que luego sería los Estados Unidos, a bordo del Mayflower en 1620, eran puritanos, escindidos de la iglesia anglicana y perseguidos en Inglaterra.

En 1692, cuando ocurrieron los hechos, sólo habían pasado 72 años desde la llegada de los primeros colonos. Las ciudades florecían con la seguridad con la que crecen las plantas en la naturaleza: sin apuro pero sin pausa.

Aquel año, en Salem, un grupo de chicas, entre las que se encontraba la hija y la sobrina del reverendo Parrish (párroco del lugar), fueron encontradas en el bosque junto con la esclava antillana (de Barbados más precisamente) de la familia Parrish. Tituba, como se llamaba la esclava, estaba celebrando rituales típicos de su lugar de procedencia y de sus creencias (tan válidas, por cierto, como la creencia en Dios. Algo incomprensible para los puritanos de fines del 1600).

Las chicas y la esclava fueron acusadas de brujería y de estar poseídas por el diablo. Esto desató una ola de histeria entre las muchachas. Fueron presionadas para que delataran a las personas que, dentro de la comunidad, practicaran la brujería. El miedo a ser castigadas con tortura y muerte las llevó a delatar a cuanta persona se les cruzó por delante. (Aclaremos que la confesión y delación se consideraba volver al camino de Dios del que se habían apartado y eso conllevaba al perdón).

Entre mayo y octubre de 1692, unas 200 personas fueron acusadas, investigadas, encarceladas por brujería. De ellas, 19 fueron encontradas culpables y asesinadas en la horca: 14 mujeres, 5 hombres y… 2 perros. No se salvaba nadie.

La locura en Salem cesó ese mismo año y la cacería de brujas fue decayendo con el correr del tiempo.

El libro de Arthur Miller me duró 24 horas. No pude dejar de leerlo. Fue publicado en 1952 y su intención fue que sirviera de metáfora con lo que ocurría en los Estados Unidos con el macarthismo.

En el siglo XX, 250 años después del episodio de Salem, el senador Joseph McCarthy puso en marcha una verdadera cacería de brujas tratando de detectar, en plena Guerra Fría, cualquier indicio de comunismo en territorio americano. El mecanismo de delación, acusación sin pruebas y escrache se mantenía intacto.

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