Tintoretto, un rockstar del Renacimiento Veneciano.

Cuando tengo ganas de despejarme y de reírme un rato suelo ver una película de Woody Allen. Una de las que más que gusta es Whatever works, con ese personaje interpretado magistralmente por Larry David, malhumorado, soberbio, mal educado pero, en el fondo, lleno de miedo e inseguridades que deja ver en su hipocondría.

Hace unas noches, después de escribir y leer todo el día, decidí buscar una película de Woody. Y elegí Todos dicen te quiero. Una especie de musical con varias historias alrededor de una familia ensamblada.

Woody es el padre separado que está solo y su hija quiere conseguirle una novia. Para eso, espía a una psicóloga (madre de una amiga) y descubre que una de sus pacientes podría ser la pareja perfecta para su papá. La paciente es interpretada por Julia Roberts.

El caso es que Roberts viaja a Italia y el personaje de Woody, con la información que le pasó su hija, hace lo mismo. La mujer es una obsesionada por el arte de Tintoretto y se encuentran, no casualmente, en Venecia admirando al pintor. Claro, los esfuerzos del personaje de Allen tratando de demostrar que sabe algo del pintor italiano son realmente graciosos.

Desde esa película, nunca más pude escuchar el nombre Tintoretto sin pensar en la escena entre Julia Roberts y Woody Allen.

Su verdadero nombre era Jacopo Comin y hoy sería considerado una especie de rockstar, un rebelde contra las normas de la sociedad de su momento. Tuvo dos apodos. Le decían Jacopo Robusti (por cómo su padre defendió las puertas de la ciudad de Padua frente a las tropas imperiales y ¡Recién en el siglo XXI se descubrió cuál era su verdadero apellido!) Pero el apodo que traspasó todas las épocas fue Tintoretto. Aunque esta forma de llamarlo era, en realidad, bastante despectiva, ya que su padre era tintorero de paños y por eso le decían así.

Nació en la República de Venecia hace 501 años, en septiembre de 1518. (Venecia era república en aquella época. La unificación del reino de Italia llegaría recién en 1861).

Desde muy chico mostró interés por el arte. Se dice que dibujaba las paredes de la tintorería de su padre. Cuando cumplió 12 años, su papá, Giovani según algunos investigadores y Battista para otros, lo inscribió como aprendiz en el taller del más grande maestro del arte de aquella época: Tiziano.

Pero el aprendizaje duró poco, fue expulsado del taller. Algunos, como Carlo Ridolfi que publicó una biografía de Tintoretto en 1642, dicen que Tiziano estaba celoso del talento del chico. Me parece poco probable que un artista ya consagrado que rondaba los 30 años (no se sabe con exactitud cuándo nació) se pusiera celoso de un chico de 12 años. Pero, sobre egos no hay nada escrito…

Lo cierto es que el joven Jacopo siguió dedicándose al arte como autodidacta. Lo poco que estuvo al lado de su maestro admirado Tiziano le sirvió para aprender, especialmente, sobre claroscuros y luces, algo en lo que se destacaría más adelante.

No se sabe a ciencia cierta cuál fue su primera obra pero un documento datado en 1539 lo nombre como “pintor independiente”. No sólo podría haber sido un rockstar sino también el primer artista alternativo.

Además de lienzos y retratos, (en general a lo largo de la historia los artistas han pintado retratos como sustento económico), Jacopo quería dejar su impronta en frescos. Una ciudad llena de iglesias era el lugar ideal para eso. Y acá también se jugó de manera diferente al resto de sus contemporáneos. Se dio cuenta de algo que hace poco hablábamos con mi amiga Marine: todo es marketing. Tintoretto entendió en el 1500 que todo era cuestión de posicionarse en el mercado. Entonces decidió que tenía que darse a conocer y, la mejor manera era ganando concursos para pintar capillas e iglesias. ¿Qué hizo?

Cuando una sociedad de beneficencia llamada Scuola Grande di San Rocco llamó a concurso para pintar la sala de reuniones, Tintoretto sobornó a un empleado quien le pasó las medidas exactas del óvalo a pintar. Mientras los otros presentaron bocetos, nuestro rebelde del renacimiento veneciano presentó la obra terminada. Y fue más lejos. Les dijo que si no la querían se las regalaba, sabiendo que la sociedad no podía, por estatuto, rechazar una donación.

La Scuola Grandi di San Rocco, y la iglesia que estaba al lado, fueron decoradas con el arte de Tintoretto entre 1564 y 1588. En la iglesia hay 67 de sus obras.

Algo similar ocurrió con el Palacio Ducal, uno de los edificios más emblemáticos de Venecia, cuando donó un lienzo sobre la batalla de Lepanto.

Por supuesto, estos manejos lo catapultaban aún más hacia su fama de rebelde y ganaba obras pero también enemigos.

Unos años antes de estos episodios, Jacopo dedicó muchas de sus obras a San Marcos, todas pintadas en la Scuola di San Marcos. Estos trabajos le permitieron asegurarse el sustento necesario para vivir y para hacerse con el reconocimiento que buscaba. Ahí, además, conoció a Faustina de Vescovi (hija de un noble) con quien se casó. Tuvo en total ocho hijos, seis con Faustina y dos con otras mujeres anteriores a su esposa (no crean que es mucho ocho hijos. ¡Él tenía veinte hermanos!).

Este casamiento más los trabajos en la escuela de San Marco le dio la posición social que necesitaba para obtener el respeto que él consideraba que merecía.

En 1548 pintó San Marcos liberando al esclavo, en donde se puede ver una de las claves de la pintura del veneciano. Tintoretto se caracterizó por pintar lo secundario, no los personajes principales. Hacía hincapié en lo que ocurría alrededor. Muchos de sus biógrafos destacaron que Tintoretto pintaba sentimientos y emociones. En la pintura de San Marcos recién mencionada, no es el santo quien se destaca sino el esclavo liberado. Es la liberación misma lo que se ve en la obra y no quién lo libera.

Pero no era ésta la única característica de sus pinturas. Tintoretto se destacó especialmente por el uso de los claroscuros y de los escorzos (no estimado lector, no lo estoy insultando en italiano aunque suene a eso. El escorzo es un recurso en la pintura para dar sensación de profundidad).  Para trabajar la luz, fabricaba maquetas del cuadro que quería pintar y las iluminaba desde diferentes ángulos para ver cómo tenía que pintarlas.

Su maestro indudable, por quien sentía admiración al límite de la obsesión, fue Miguel Ángel. En su taller tenía copias de esculturas de Buonarotti y las estudiaba con detenimiento.

Dos de sus hijos, Marietta y Domenico, siguieron sus pasos y trabajaron con él en el taller. Marietta era sumamente habilidosa y muchas veces trabajaba vestida de hombre para mayor comodidad. Murió a los 30 años y su padre la retrató en el lecho de muerte.

Uno de los últimos encargos que recibió, cerca de los setenta años, fue un lienzo para adornar la sala del Consejo del Palacio Ducal. El resultado fue la obra más grande que se hubiera pintado: El Paraíso. Mide 5 metros de largo por 1,70 de ancho. “Los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos coronados”, escribió San Pablo en su Epístola a los Corintios (la primera). Lo escribió Pablo lo pintó el artista: los merecedores del cielo recibidos en el paraíso eterno.

Tintoretto murió en 1594 víctima de una peste. Su cuerpo yace en la iglesia Madonna Dell’Orto, en Venecia, junto con su familia.

Dejó un legado de más de 400 obras y esto lo convirtió en el pintor que más obras creó en su época. Fueron muchos los que rescataron su vida, entre ellos Giorgio Vasari, un colega contemporáneo. Pero, tal vez, el más famoso de sus biógrafos fue el filósofo francés Jean Paul Sartre, quien en su libro El secuestrado de Venecia, dijo: “La historia de Tintoretto deja transparentar una animadversión que no cede. Venecia siente tirria por el más célebre de sus hijos”.

Sartre, Simone de Beauvoir, Henry James, Virginia Woolf. Todos ellos se han fascinado con Tintoretto. Pero, uno de sus mayores admiradores fue una estrella del rock. No podía ser de otra manera. Un rockstar del siglo XX que admira a un rockstar del Renacimiento.

David Bowie tenía una colección de arte de 400 obras, entre ellas, dos pinturas de Tintoretto. Era tal la admiración de el Duque Blanco por el veneciano que en los años 90 creó un sello discográfico al que llamó Tintoretto Music.

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